Una conversación con el silencio
Sobre buscar a Dios cuando no llegan las respuestas

Durante años entendí la fe como un intercambio: yo pedía, y esperaba una respuesta clara, preferiblemente pronta. Cuando el silencio se prolongaba, lo interpretaba como ausencia.
Con el tiempo empecé a sospechar que estaba escuchando mal.
El silencio no siempre es vacío
Hay silencios que son abandono y hay silencios que son compañía. Cuesta distinguirlos cuando uno está ansioso por una señal.
Muchas tradiciones espirituales coinciden en algo incómodo para nuestra época: lo sagrado rara vez grita. Se ofrece más como una presencia que como un anuncio. Y para percibir una presencia hay que quedarse quieto el tiempo suficiente.
Preguntar sin exigir respuesta
Rezar, meditar, contemplar —cada quien lo nombra a su manera— no es siempre pedir. A veces es solo presentarse. Decir "aquí estoy" y sostener la pregunta abierta sin arrancarle una conclusión.
No creo que este espacio deba decirte en qué crees. Pero sí quiero invitarte a no dar por cerrada la conversación demasiado rápido.
Para llevarte
Si hay una pregunta que le has hecho a Dios, a la vida o al misterio, y no ha respondido como esperabas, prueba a cambiar la expectativa antes que la pregunta:
¿Y si la respuesta no es una frase, sino una manera de acompañarte mientras sigues buscando?



